Lascaris War Rooms: un trozo de la IIGM congelado en el tiempo.

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Túnel de entrada a las Salas de Guerra Lascaris

Nos encontramos en La Valletta, capital de la isla de Malta. Concretamente en sus jardines más conocidos, Upper Barrakka Gardens, en los que se encuentra un busto de Churchill, numerosas placas conmemorativas y los cañones de Saluting Battery apuntando hacia uno de los paisajes más bellos del Mediterráneo. Bajo estos, a unos 50 metros bajo tierra, se encuentran las Lascaris War Rooms y dentro de ellas, el cuartel general desde el que los Aliados lucharon contra Hitler.

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Saluting Battery frente al Gran Puerto de Malta y los municipios de Senglea, Birgu y Kalkara

Vayámonos a 1940, fecha en la que comenzó el segundo Gran Asedio de Malta. El primero tuvo lugar en 1565 cuando los otomanos quisieron conquistar el archipiélago. La situación estratégica de la islas de Malta y Gozo volvieron a convertirlas otra vez en el epicentro de la guerra del Mediterráneo. Gracias a estas islas los Aliados pudieron mantener con éxito su campaña en el Norte de África y desde ellas lanzaron su gran ataque a la Península Italiana en su incursión en la Europa controlada por los nazis.

Bomb damage follwoing raid on Fort Lascaris on 24th December 1941. Fort Lascaris served as the peace-time War HQ.

Efectos de un bombardeo en el cuartel general del Fuerte Lascaris el 24 de diciembre de 1941.

Sin embargo, hasta que eso ocurriera los malteses tuvieron que soportar un calvario de hambruna y destrucción. A lo largo de 154 días y noches infernales, 6.700 toneladas de bombas cayeron sobre los 316 kilómetros cuadrados que componen la isla. Los ejércitos alemán e italiano lanzaron más de 3.000 bombardeos aéreos sobre Malta, convirtiéndola irremediablemente en el lugar más bombardeado del planeta. Como resultado, más de 30.000 edificios fueron destruidos o seriamente dañados y unos 1.500 malteses perecieron en los ataques y otros 3.674 fueron heridos de diversa gravedad. Teniendo en cuenta la intensidad de la ofensiva pueden parecer pocos y eso se debe a la tremenda red de túneles, refugios antiaéreos y búnkers construidos para proteger tanto a la población como a los militares británicos.

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Camión abandonado de la primera época de la Guerra Fría. Al fondo, muro del Fuerte Lascaris

Lascaris War Rooms fue el refugio más importante de todos ellos porque en él se instaló el cuartel general y centro de operaciones de la Marina y la Fuerza Aérea Real del Reino Unido en el Mediterráneo. Se contruyó bajo el bastión de San Pedro y San Pablo y las tropas lo conocían como “el agujero”, aunque oficialmente tomaron el nombre del Fuerte Lascaris, construido en el lugar en el que estuvo el jardín privado del Gran Maestro de los Caballeros de Malta, Jean Paul de Lascaris Castellar (1635-57), ya que los túneles originales fueron construidos por los Caballeros como cuarteles para sus esclavos.

Excavating the late-war Lascarsi War Rooms.

Varios obreros trabajan en la excavación de nuevas salas de guerra.

Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial se comenzó a habilitar el túnel que comunicaba Battery Street con La Valletta Main Ditch. Armados con picos y palas, cientos de operarios trazaron un laberinto de túneles de 9.000 metros cuadrados excavado en las profundidades. En un principio, la situación bajo los jardines de Upper Barrakka era de un hacinamiento absoluto ya que hasta un millar de personas llegaron a trabajar allí en turnos de 240 personas cada seis horas. Los bombardeos del Eje no daban tregua y mientras que unos trabajadores se encargaban de la ampliación del complejo, otros debían encargarse de coordinar a la Fuerza Aérea para repeler los ataques enemigos. Difícilmente nos podemos hacer una idea del ambiente que inundaba el espacio: ruido constante de los generadores y los picos chocando contra la piedra, aire difícilmente respirable y ajetreo frenético de gente yendo de un lado a otro mientras las bombas caían sobre sus cabezas.

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Pasillo central de las instalaciones Lascaris. De él salen las entradas independientes de las distintas salas de guerra.

El largo túnel de Lascaris inicialmente fue un dormitorio subterráneo para todos los trabajadores del complejo. A ambos lados se fueron construyendo paralelamente las salas de guerra y rodeadas por numerosas oficinas de control. A cada una de ellas se le proporcionó una entrada independiente para así preservarlas en secreto. Cuando el complejo estuvo listo, a finales de 1940, se trasladó aquí la sala de guerra de la Marina Real, junto con el de la Artillería de Defensa Antiaérea, que al principio de la guerra estaba instalada en el Fuerte de San Angelo. Esta gran fortificación data del siglo XIII y durante la IIGM fue equipada con cañones automáticos antiaéreos de 40 mm, pero aún así era un objetivo más expuesto que Lascaris (de hecho sufrió 69 impactos directos entre 1940 y 1943) y por eso se efectuó el traslado. Actualmente permanece cerrado pero se están realizando labores de restauración de cara a abrirlo al público en un futuro próximo.

Aerial shot showing gated entrance into the Lascaris War Rooms

Entrada principal a Lascaris War Rooms

Desde estas habitaciones se podía rastrear y representar en un gran mapa el movimiento de aviones del enemigo, de cara a facilitar la coordinación defensiva por aire y tierra. Según iba avanzando la guerra los sistemas de radar de seguimiento se iban modernizando y a su vez se iban excavando nuevos espacios para albergar más secciones subterráneas. La cantidad de rocas y escombros que se iban sacando del interior de la tierra suponían un problema, ya que podían ser detectados por los aviones enemigos y desvelar las obras que estaban teniendo lugar en Lascaris. Se decidió entonces distribuirlos sobre las ruinas de los edificios bombardeados en La Valetta y así camuflarlos con el resto de escombros.

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Una de las habitaciones de comunicaciones

A pleno rendimiento, el complejo albergó una sala de operaciones para cada uno de los servicios militares, que incluía la importante sala de control de la sección de combate de la RAF, desde la cual se observaba y controlaba cada operación aérea y marítima que tenía lugar alrededor de la isla. Ésta era apoyada por la sala del filtrado, a través de la cual tanto se canalizaba como se tamizaba todo el tráfico del radar. Asimismo una sala estaba dedicada a todas las operaciones del armamento antiaéreo y desde ella se coordinaba el fuego de artillería contra los ataques enemigos, mientras que otra se encargaba de las operaciones combinadas para gestionar todas las operaciones conjuntas. Esta última consistía en una instalación fuertemente custodiada en la que se encontraban las máquinas de cifrado que servían para recibir y enviar comunicaciones secretas.

Plotting state of air squadrons on the tote board at the LWR.

Trazando la situación de los escuadrones aéreos en el panel marcador.

A lo largo del Sitio de Malta, entre junio de 1940 y diciembre de 1942, la principal labor desempeñada en estas salas fue tanto la de defensa de la isla y barcos de abastecimiento, como la de sabotaje de las fuerzas marítimas del Eje en relación con la campaña de África. Durante este periodo los británicos declararon haber perdido 289 Spitfires y Hurricanes, aunque la Lutwaffe aseguró haber abatido 446 aviones aliados. Por su parte y según las fuentes de la RAF, 863 aeronaves del Eje fueron abatidas.

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Sistema de ventilación original construído a partir de piezas de barcos hundidos.

Al encontrarse las salas de guerra excavadas a tanta profundidad hubo que ventilar mecánicamente todo el complejo y para ello se construyó un sistema de renovación del aire a partir de piezas de buques de guerra hundidos en la cercanía de la costa o el mismo puerto de Malta. Es sólo uno de los ejemplos que demuestran el ingenio que demostraron al lograr sorprendentes avances tecnológicos sin apenas medios para desarrollarlos. Las piezas que están hoy instaladas en el complejo son originales y todavía funcionan.

Main dias of the coast artillery gun operations room located in the crypt of the Garrison Chapel in Castille Place, Valletta.

La sala central de operaciones a pleno rendimiento. También se la conocía como la Capilla Garrison.

A medida que las fuerzas del Eje fueron siendo derrotadas en el norte de África y aunque no los aliados lo lograrían expulsarles hasta mayo de 1943, el Sitio de Malta se fue relajando paulatinamente y el 15 de abril de 1942, el Rey Jorge IV premió a Malta por su entrega, sacrificio y resistencia con la Cruz de San Jorge, la mas alta condecoración civil de la Commonwealth, que siempre es otorgada a individuos y no a poblaciones enteras. Básicamente se trató de un acto de propaganda para justificar las enormes pérdidas sufridas por el Reino Unido para impedir que Malta capitulase como Singapur. Entonces la infraestructura de las fuerzas aéreas pasó a ser una base ofensiva en la que se alojaban más de una docena de escuadrones de Spitfires de cara a respaldar la gran ofensiva que se orquestaría desde las entrañas de Lascaris War Rooms.

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Sala de reuniones de los generales Eisenhower, Alexander y Cunningham

A principios de 1943 este lugar comenzó a desempeñar su tarea más crucial en el curso de la IIGM. En febrero de ese año se terminó la renovación del complejo, justo a tiempo para que comenzarán los preparativos de la Operación Husky, o lo que es lo mismo, la invasión aliada de Sicilia y que supuso la operación anfibia más grande de toda la guerra hasta ese momento, tanto en términos de hombres desembarcados como en extensión. Ésta comenzó en la noche del 9 al 10 de julio de 1943 y duró tres semanas. Es entonces cuando comenzó la campaña italiana y la conquista de la Europa occidental por parte de los aliados.

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Mapa de Sicilia desde el cual Eisenhower y su comandancia trazó la Operación Husky.

En el cuartel general de Lascaris se coordinó toda la Operación Husky de la mano de los generales Bernard Law Montgomery, Dwight D. Eisenhower y Harold Alexander, los mismos hombres que liberaron África de las Fuerzas del Eje y más tarde Europa. Desde estas mismas salas y con la maquinaria y herramientas que hoy están dentro de ellas trabajaron sin descanso junto al resto de operarios y comandantes supremos, como el almirante Andrew Browne Cunningham y el mariscal Arthur Tedder.

Field Marshal Bernard Montgomery along with Admiral Sir Andrew Browne Cunningham C-in-C Mediterranean outside the LWR with other RAF and military personnel in 1943

Los comandantes británicos planeando la Operación Husky en el exterior de Lascaris. De izquierda a derecha: Guingand, Pelly, Broadhurst, Montgomery y Ramsay.

El objetivo estratégico de la Operación Husky fue expulsar de Sicilia a las fuerzas aéreas y navales del Eje, despejar las rutas del Mediterráneo y el arresto de Mussolini por el Gran Consejo Fascista y el propio Rey. El 17 de agosto las tropas británicas, estadounidenses y canadienses resultaron victoriosas. Las contundentes fuerzas de Ike, Harold, Monty y Patton se impusieron al ejercito del general italiano Alfredo Guzzoni y su subordinado el mariscal alemán Albert Kesselring. No obstante, pagaron un alto coste por ello ya que ambas fuerzas beligerantes tuvieron un número de bajas similar, en torno a las 30.000 cada una de ellas, aunque los aliados hicieron hasta 140.000 prisioneros de guerra y se abrió camino hacia la invasión aliada de Italia, que no había sido considerada necesaria como una continuación de esta operación. Sin embargo, la batalla no estuvo exenta de polémica ya que, a pesar de su superioridad naval y aérea, los aliados tardaron más de lo previsto en conquistar la isla, hubo bastante desorganización y casos de fuego amigo, tuvieron demasiadas bajas y no lograron evitar el reembarque de la mayor parte de las fuerzas alemanas en su retirada hacia Italia (100.000 soldados y 10.000 vehículos).

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Sala central de operaciones. Vista del mapa de seguimiento de defensa y ofensiva aérea en Sicilia y Malta.

En los años posteriores a la guerra, las salas de Lascaris se convirtieron en el cuartel general de la flota Mediterránea de la Marina Real Británica y jugó un papel determinante durante la Guerra Fría. En primer lugar durante la Guerra del Sinaí, también llamada Crisis de Suez, en 1956, en la cual combatieron durante una semana la alianza militar formada por el Reino Unido, Francia e Israel contra Egipto. Desde Malta se efectuaron bombardeos y se coordinaron los ataques sobre suelo egipcio que derivaron en un balance final de 3.000 muertos y 4.900 heridos.
Unos años después, en octubre de 1962, tuvo lugar la Crisis de los Misiles en Cuba a raíz del descubrimiento norteamericano de bases de misiles nucleares soviéticos en territorio cubano. La tensión vivida entre Kennedy y Khrushchev, además de Gürsel y Castro en un segundo plano, estuvo a punto de desembocar en un conflicto bélico a gran escala entre Estados Unidos y la Unión Soviética. En las salas de Lascaris se disparó la alerta máxima ante la amenaza de un posible ataque soviético en Malta.

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Escritorio de comandancia en la sala central de operaciones. Frente a él se encuentra el panel de control de los escuadrones aéreos

En 1967 el cuartel general de Lascaris fue adquirido por la OTAN para utilizarlo como centro estratégico de comunicación, especialmente de cara a la interceptación de submarinos soviéticos en el Mediterráneo. Desempeñó esa función durante una década hasta que fue finalmente clausurado. Las instalaciones no fueron desmanteladas, sino que simplemente se cerraron las puertas y con ellas la apasionante historia de uno de los secretos mejor guardados de la IIGM.

Diez años después se decidió abrir sus puertas y llevar a cabo una primera restauración. Sin embargo, no fue hasta el año 2009 cuando la fundación Wirt Artna, en colaboración con la asociación Malta Heritage, decidió llevar a cabo una restauración a fondo de todo el conjunto histórico para poder abrirlo al público. De forma minuciosa devolvieron a cada elemento (mapas estratégicos, pizarras con las rutas de ataque, muros, maquinaria y oficinas) su aspecto original, de modo que todo luciera igual que entonces.

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Placa situada a la entrada de las salas de guerra de Lascaris. En ella figura la fecha de la primera restauración en 1986 y su inauguración por parte del Ministro de Relaciones Exteriores, Alex Sceberras Trigona.

Actualmente la restauración prácticamente ha terminado, pero aún hay partes sobre las que trabajar. A pesar del silencio, sólo roto por las voces de los historiadores que te guían por los pasillos y se encargan de resumir apasionadamente lo que ocurrió en aquellas habitaciones, no cuesta imaginar la agitación de aquellos días. Sobre aquellas mesas y sillas se decidía el destino de los aviones y los barcos, de los soldados que iban en su interior o a los que había que enviar suministros. También de los que había que abandonar a su suerte, decidiendo su vida y su posible muerte. Un ultimo vistazo al gran mapa de Sicilia que cubre la pared de la principal sala de operaciones de aquel agujero. El lugar en el que se tomaron las decisiones que determinaron el curso de la Segunda Guerra Mundial.

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