Las cenizas de Auschwitz-Birkenau

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“Aquí Dios prevalece, deshecho en la alambrada, en el fondo de un horno, o colgado de una cuerda…”

El Holocausto de Cracovia, y en líneas generales, el Holocausto, se ve perfectamente resumido, en toda su crudeza e inmensidad genocida, en los campos de Auschwitz. A 60 kilómetros al oeste de Cracovia es donde conducen todos los pasos de los que intentamos comprender lo ocurrido. Seguimos las pisadas de aquellos que atravesaron sus puertas para no salir jamás. A través de una líneas férreas muy avanzadas para los años cuarenta, pero estancadas en el tiempo a día de hoy, tomamos un tren en dirección a Oświęcim.

Para comprender la Shoah, es interesante visitar el mayor número de campos nazis posibles. Todos están sustentados bajo la misma ideología, pero difieren en su metodología, historia y estado de conservación. Mientras que unos nunca fueron reconstruidos y se pueden visitar en soledad, como por ejemplo Płaszów, otros son explotados para dar un testimonio visual a lo que allí ocurrió. Auschwitz es el más masificado de todos, dada su importancia histórica y simbólica. Es el mejor conservado, el que más vestigios del genocidio conserva y el que acapara una mayor inversión y, de forma muy distinta a los demás, recaudación. Pero sobre todas las cosas, se trata de una visita obligada si se quiere hacer una aproximación mental, por limitada que esta pueda resultar, al verdadero significado del Holocausto. Por este motivo estos vestigios deben plasmarse una y otra vez. Y no dejar que yazcan en el el olvido. Porque todo esto sucedió y sigue siendo posible que vuelva a suceder.

Llegamos a la confluencia de los ríos Vístula y Sola, en la Alta Silesia. Tanto Oświęcim como otra aldea próxima llamada Brzezinka fueron escogidas por los nazis en 1940, tras la invasión de Polonia y por cuestiones logísticas, para la edificación del complejo de campos de concentración que más tarde se conocería como Auschwitz-Birkenau. Su extensión acabaría comprendiendo 40 kilómetros cuadrados de crueldad y aniquilación.

En un comienzo, Auschwitz fue concebido como una prisión de tránsito en la que mantener a los prisioneros antes de enviarlos a otros campos. Como punto de partida, los SS utilizaron unos cuantos barracones abandonados por ejército polaco años atrás. Sin embargo, poco después se decidió que funcionaría como un campo de concentración similar a los demás construidos en otros lugares del III Reich.

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Esta placa fue forjada entre 1940 y 1941 por prisioneros polacos. A finales del 2009 fue robada para intentar venderla, pero se recuperó poco después.

A principios del mes de mayo de 1940, el SS-Obersturmbannführer Rudolf Höss (no confundir con Rudolf Hess, secretario personal de Hitler hasta 1941) fue nombrado comandante del campo por Heinrich Himmler. A partir del mismo sistema implantado en el KL Dachau, 30 criminales alemanes desempeñarían la función de kapos y 728 prisioneros políticos polacos serían sus primeros huéspedes. El popular lema ‘Arbeit macht frei’ (el trabajo libera) fue colgado en la entrada del recinto y quedó inaugurado Auschwitz I.

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Alambrada de separación entre los bloques y los hornos de Auschwitz

Este recinto fue el punto de partida y centro administrativo de todo el complejo. Aunque en un comienzo fue utilizado para internar a miembros de la resistencia e intelectuales polacos, no tardaron en llegar prisioneros de guerra soviéticos, criminales alemanes, homosexuales y demás “antisociales”, hasta que los prisioneros judíos predominaron sobre todos los demás. El campo albergaba generalmente entre 13.000 y 16.000 prisioneros, cifra que llegó a 20.000 en 1942.

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El Bloque 11 era la prisión dentro de la prisión.

Entre estas primeras edificaciones, destacó por encima del resto el temido Bloque 11. Idéntico a todos los demás, pero en cuyo interior se gestó desde un comienzo el mayor horror de Auschwitz. Se trataba del lugar más temido por los prisioneros, por encima de las balas, las sogas o el gas. Aquí es donde tenían lugar los martirios más agónicos y enloquecedores.

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Tribunal del Bloque 11. Rara vez una sentencia no terminaba derivando en la pena de muerte.

Sus habitaciones eran las más habituales para la aplicación de castigos, torturas y encierros. Había celdas en las que no había espacio ni para sentarse si quiera y otras en las que se colgaba a los presos, o se les dejaba morir de inanición. De este modo murió por ejemplo el fraile polaco Maximiliano Kolbe. Éste se ofreció voluntario para morir en lugar de un padre de familia llamado Francizek Gajowniczek. Aguantó dos semanas en las que su único alimento fueron los andrajos que le cubrían. Cuatro décadas después fue canonizado.

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Las primeras literas estaban fabricadas de ladrillo y la paja era todo cuanto tenían para cobijarse del frío.

También en aquellas celdas pasaron sus últimos días los prisioneros Edek Galiński y Mala Zimetbaum. Vivieron una de las historias de amor más bellas de Auschwitz y, gracias a un excepcionalmente piadoso jefe de comando de las SS llamado Edward Lubusch, lograron huir juntos en junio de 1944. Desgraciadamente fueron detenidos dos semanas después y acto seguido devueltos al campo de concentración. Allí fueron torturados y ejecutados en la horca frente al resto de prisioneros en la plaza de armas. En la celda número 20, Edek grabó sus nombres.

En los primeros días de septiembre de 1941, el capitán de las SS Karl Fritz llevó a cabo en sus sótanos el primer ensayo de asesinato masivo con Zyklon B. Tuvo lugar dos meses antes de los primeros gaseamientos con monóxido de carbono en Chelmno y medio año antes de que empezara a funcionar el campo de exterminio de Bélzec. 600 prisioneros soviéticos y 250 prisioneros políticos polacos fueron encerrados y gaseados con la sustancia que hasta entonces se usaba como desinfectante. Ocurrió lo esperado, aunque después hubo que ventilar el edificio durante dos días, por lo que no tardó en habilitarse más tarde la morgue del crematorio para que hiciera las veces de cámara de gas. Se instalaron puertas herméticas y se perforó el techo para permitir la entrada del veneno.

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Cámara de gas I ubicada en el campo de Auschwitz I. Es la única que sigue en pie.

Los condenados a morir fusilados también pasaban en la planta baja del Bloque 11 sus últimos minutos de vida. Tras desnudarse salían a las graveras del patio contiguo y se alineaban frente al Muro de la Muerte forrado con caucho para atenuar el ruido de los disparos. Después un pelotón de fusilamiento descargaba las balas de pequeño calibre en los presos desnudos y posteriormente eran llevados al crematorio. Tan sólo están documentados los fusilamientos de 1000 prisioneros encarcelados previamente en el Bloque 11, así como otros 4500 “presos de policía” condenados a muerte por el Tribunal de resumen.

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Miles de cuerpos sin vida fueron trasladados desde este lugar hasta los hornos.

Sin embargo, miles de presos fueron llevados allí desde los barracones, y otros muchos desde el exterior, como prisioneros de guerra soviéticos o polacos. La mayor ejecución de este tipo tuvo lugar el 7 de octubre de 1944, cuando 200 judíos fueron asesinados en represalia por el motín del Sonderkommando que tuvo lugar en el Crematorio IV de Birkenau. Por el contrario, las cuatro valientes mujeres involucradas en el robo de pólvora con el que se voló el crematorio fueron ahorcadas. Se llamaban Ala Gertner, Roza Robota, Regina Safirsztajn y Estucia Wajcblum.

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Hornos crematorios de Auschwitz I construidos por la empresa Topf und Sóhne de Erfurt. Fueron desmontados por los nazis, pero se reconstruyeron con los elementos originales.

Detrás de este bloque nos encontramos con la construcción más controvertida del recinto en la actualidad: la piscina de Auschwitz. Frente a ella un letrero explica que se trata de una “Reserva hídrica de la brigada de bomberos construido en forma de piscina, probablemente a principios de 1944”. La realidad es que no fue solo un depósito hídrico, sino también aquello que parece que es: una piscina. Con sus trampolines y todo. En la contradicción de que pudiera haber una construcción tan amigable en un campo de exterminio, revisionistas como Frederick Toben o Dietlieb Felderer han encontrado un filón para dar rienda suelta a su negacionismo del Holocausto. La realidad es que, del mismo modo que los kapos, u otros presos con privilegios, pudieron disfrutar en algunas ocasiones de placeres como alimentos en abundancia o prostitutas (en su mayoría prisioneras esclavizadas), también tuvieron la oportunidad de realizar actividades de entretenimiento, como bañarse en esta piscina muchos domingos y festivos.

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Negar el Holocausto en base a la existencia de una piscina no podría ser más absurdo.

Sin embargo, la vida de la mayoría de prisioneros, suponía un auténtico infierno de carencia de alimentos y trabajos forzados en condiciones climatológicas adversas. Éstos desembocaban en la mayor de las fatigas, incontables infecciones y enfermedades como el escorbuto o la disentería y todo tipo de traumas. Además, a todo eso hay que sumar el maltrato físico y psicológico al que los guardias y kapos sometían a los prisioneros, junto al temor permanente de que cada minuto podía ser el último.

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Corredor principal de Auschwitz I. En el Bloque 24 contiguo a la entrada se dispuso el burdel y frente a él la orquesta de presos.

Desde la apertura de Auschwitz I, las detenciones de judíos no pararon de aumentar por lo que, apenas un año después, Himmler ordenó la construcción de un nuevo campo de concentración en el que ubicar a los nuevos presos. Sería conocido como Birkenau, estaría ubicado a tres kilómetros campo principal y en él se llevaría a cabo la Solución Final en su máxima expresión. A diferencia del primer campo, en este nuevo recinto contaría con 250 barracones de madera y piedra y sería mucho más extenso: en 1943 llegó a albergar más de 100.000 presos. Teniendo en cuenta que la mayoría de presos que llegaban al campo iban directamente a las cámaras de gas, nos podemos hacer una idea de la magnitud de Birkenau.

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Selección de presos en la rampa de Birkenau. La columna de la izquierda iba directamente a la cámara de gas.

Por otro lado, se crearon incontables campos de trabajo vinculados con Auschwitz. El más grande de todos ellos se llamó Auschwitz III (Monowitz) e inició sus operaciones en mayo de 1942. Este campo se asoció principalmente con el grupo empresarial IG Farben y fue destinado a la producción de combustibles líquidos y goma sintética. En la actualidad, cinco empresas pertenecientes a IG Farben continúan existiendo: AGFA, Bayer, BASF, Hoechst y Pelikan. De hecho, heredaron todas sus propiedades, pero no sus responsabilidades penales.

El campo de exterminio de Birkenau fue diseñado de forma que las vías del tren entraban hasta dentro del propio recinto. De este modo se camuflaban los convoyes de prisioneros y se evitaban las largas caminatas como sucedía en otros campos nazis, por lo que se podía eliminarlos con mayor rapidez y eficacia. Dichos convoyes de la Ostbahn alemana tenían una media de cincuenta vagones de carga, por lo que cada uno podía hacinar hasta 2500 personas. Esto quiere decir que, sin contar a todos los prisioneros que no perecieron en Auschwitz, llegaron más de 500 trenes cargados de condenados a muerte.

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Valla electrificada en Auschwitz I. Muchos presos decidían acabar con su agonía tirándose contra ella.

Los convoyes de la muerte estaban formados por vagones de madera destinados al ganado. Allí viajaban durante días decenas de presos apretados los unos contra las otros y sin espacio para poder moverse, sin agua que beber, ni más alimento que el que pudieran llevar encima. Además, se veían obligados a convivir con la orina y heces de todos los prisioneros, junto con los cadáveres de quienes fallecían incluso antes de llegar al campo de exterminio.

Según los cálculos que hicieron los oficiales de las SS en su día, entre 1941 y finales de 1944, 1’5 trenes llegaron diariamente al campo. Contando el total de los trenes que se movilizaron durante el genocidio para transportar a todos aquellas personas asesinadas en los campos de concentración nazis, representó menos del 2% del total de la logística diaria de guerra alemana. Un porcentaje insignificante teniendo en cuenta todos los beneficios económicos que el Holocausto reportó al III Reich. La perfecta maquinaria alemana.

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Crematorio dinamitado por los nazis antes de su huída del campo.

En el barrizal que era Birkenau se construyeron cuatro cámaras de gas, con sus respectivos crematorios, más grandes y modernizadas que la de Auschwitz I. Se trataban de recintos subterráneos camuflados como duchas colectivas y en las que cabían de 1000 a 2500 personas. Los SS y personal del Sonderkommandos se encargaban de conducirles mediante el engaño al vestuario. Allí , hombres, mujeres y niños de todas las edades, soportaban la humillación de desnudarse conjuntamente y acto seguido dirigirse a lo que creían que se trataba de una ducha caliente. Una vez se cerraban las puertas herméticas se procedían a la liberación del ácido cianhídrico de la empresa Degesch. Después de 20 minutos de agónicos espasmos y convulsiones, todas las víctimas estaban muertas por asfixia.

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Arañazos en la pared de la cámara de gas de Auschwitz I.

Acto seguido los Sonderkommandos se encargaban de trasladar los cuerpos a la planta superior en la que estaban situados los crematorios. Antes de quemarlos les cortaban el pelo, arrancaban los dientes de oro y examinaban todos los orificios corporales en busca de diminutos objetos valiosos, como por ejemplo piedras preciosas. Tras ventilar y limpiar la cámara de sangre, heces y orina, comenzaba otra vez el proceso.

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En Auschwitz se hallaron casi dos toneladas de cabello humano perteneciente a las últimas víctimas.

Tanto las maletas que quedaban apiladas en la rampa, como todo lo recaudado en las cámaras de gas, eran trasladadas al área del campo conocida como ‘Canadá’, denominada así debido a la fama de opulencia del país norteamericano. Es sabido que una de las principales razones, sino la principal, de la persecución de los judíos durante el III Reich era la puramente económica. La red de campos de concentración tuvo un inmenso coste económico, pero fue compensado gracias al generalizado saqueo de bienes, negocios y propiedades judías a lo largo y ancho de Europa. De hecho, se llegó a instituir una unidad de rapiña llamada DSK (Devisenschutzkommando). Esta avaricia explica por qué el Canadá era una sección tan imprescindible del Auschwitz y por qué en ella se concentraba la mayor corrupción entre el personal del campo.

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Los prisioneros marcaban ingenuamente sus maletas con tiza o pintura blanca para no extraviarlas.

La mayoría del personal seleccionado para trabajar en el Canadá era femenino. Se trataba de uno de los trabajos más codiciados por las prisioneras ya que allí podían tener el pelo largo, no era un trabajo excesivamente duro y estaban mejor alimentadas gracias a los alimentos que hallaban dentro de los equipajes. El trabajo básicamente era de clasificación. Cientos de presas apilaban montañas de ropa, gafas, cepillos, zapatos, vajillas… y en especial objetos valiosos, como las joyas o el dinero. Nada se desaprovechaba. Mientras que el pelo era enviado a fabricantes como la marca de componentes para coche Schaeffler, los dientes y otros objetos de oro se fundían en la Casa de la Moneda para hacer lingotes destinados al Reichbank. Cada tren que entraba en Auschwitz lleno de judíos, salía de allí en dirección a Alemania repleto de sus posesiones arrebatadas. Todavía en la década de los años ochenta muchos de estos objetos podían encontrarse en tiendas de antigüedades de Berlín.

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Uno de los objetos encontrados en el Canadá que más te parte el corazón.

Lógicamente esta situación fomentaba todo tipo de trapicheos y hurtos que, o bien formaban parte del mercado negro interno de Auschwitz, o bien se traducía en fortunas personales de los nazis, especialmente de los altos mandos. La corrupción entre los SS llegó a generalizarse de tal forma que Himmler decidió enviar en el otoño de 1943 al teniente SS Konrad Morgen para que investigara la corrupción en el campo. Al fin y al cabo, los ladrones estaban robando al mismísimo III Reich.

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Cada clasificación de objetos formaba una montaña. La extensión del Canadá era enorme.

En el Canadá es donde tuvieron lugar el mayor número de relaciones carnales, consentidas en el menor de los casos, entre guardias y presas, o entre los distintos presos. La más conocida tiene que ver con un amor imposible: el del SS Franz Wunsch y la judía Helena Citrónova. Él la llamó para que cantara en su fiesta de cumpleaños, e instantáneamente se enamoró de ella. Le confesó sus sentimientos y la agasajó con regalos, pero ella no sintió más que repugnancia y desprecio. Su opinión cambió cuando Wunsch salvó a la hermana de Helena cuando estaba a punto de ser asesinada en una de las cámaras de gas. Hasta que el campo fue liberado Wunsch no dejó de proteger a las dos hermanas. Cuando comenzó la marcha de la muerte, él le entregó a Helena un papel con la dirección de su madre, diciéndola que ella las cuidaría. Cuando desapareció Helena rompió la nota y nunca más volvieron a verse.

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Zapatos arrugados por el tiempo y el abandono.

Mientras esto ocurrió, los crematorios no dejaron de funcionar, salvo en momentos puntuales de averías. Teóricamente y según los informes de las SS, en cada uno de ellos podían ser quemados a diario de 4000 a 5000 cadáveres. Sin embargo, dicho cálculo estaba exento del tiempo necesario para el mantenimiento y limpieza de los hornos, aunque cuando se sobrepasaba la capacidad de los crematorios, los cadáveres eran quemados en gigantescas hogueras hechas en fosas al aire libre. En cualquier caso, la realidad es que en el verano de 1944, hasta 24.000 personas fueron asesinadas cada día. Las cenizas abonaban los campos (por lo cual eran frecuentemente vendidas a empresas de fertilizantes), drenaban los pantanos o simplemente eran vertidas en ríos y estanques de los alrededores.

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Mujeres desnudas dirigiéndose a la cámara de gas. Esta foto fue tomada clandestinamente por un miembro del Sonderkommando

Un dato escalofriante del procedimiento llevado a cabo en el crematorio era la combinación de los cuerpos bien alimentados de los recién llegados, con los cuerpos desnutridos de los llamados ‘musulmanes’ por su permanente posición encorvada, similar a la de los musulmanes al orar. Éste término aludía a los veteranos que ya no eran dueños ni de su cuerpo, ni de su mente. El hambre crónica y el agotamiento llevaba al hombre a un estado tal de abatimiento, que sus funciones vitales se reducían al mínimo existencial. Eran muertos en vida; sacos de huesos cubiertos por una fina capa de piel gris y cubierta de edemas. El caso es que los nazis combinaban estos dos tipos de cuerpos porque los musulmanes ardían muy mal. La grasa humana es necesaria para alimentar las llamas.

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Uno de los estanques a los que eran arrojadas las cenizas de las víctimas.

Uno de los episodios de Auschwitz que más artículos, películas, e incluso canciones ha inspirado, es sin duda el de los experimentos pseudocientíficos que llevaron a cabo en el campo los médicos de las SS, en especial el Dr. Josef Mengele. Tras ser herido en el frente y ascendido a Capitán, fue reasignado como Lagerarzt (médico del campo de concentración). En mayo de 1943 llegó a Auschwitz.

El llamado “Ángel de la Muerte” no tardó en ser designado oficial médico en jefe del principal campo de enfermería de Birkenau, sólo superado jerárquicamente por Eduard Wirths. Es entonces cuando su presencia se hizo frecuente en la rampa, de cara a seleccionar los aptos para el trabajo y la experimentación por un lado, y los que serían enviados inmediatamente a las cámaras de gas por otro.

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En este lugar se encontraba el barracón al que fueron asignados “los niños de Mengele”

En un principio decidió ejecutar directamente a las embarazadas (desde antes de llegar al campo, o bien a consecuencia de las violaciones internas). El mismo destino corrían madre e hijo cuando éste nacía en el interior del campo. Sin embargo, no tardó en utilizar a los bebés para realizar macabros experimentos con ellos, como por ejemplo estudiar sus fallecimientos por inanición. Aunque lo que realmente le interesaba al refinado Dr. Mengele, era el estudio de los gemelos y los mellizos. Tanto que decidió reunirlos a todos en un barracón especial.

Auschwitz II-Birkenau : couchettes en bois dans les baraquements

En los barracones se hacinaban hasta 744 prisioneros, cuando estaban diseñados para albergar un cuarto de esa cantidad

Algunos de sus experimentos financiados por el gobierno nazi fueron: el intento de cambiar el color de los ojos mediante la inyección de sustancias químicas en los ojos de niños (que inevitablemente derivaban en ceguera) o el intento de crear siameses artificialmente (que provocaba una grave infección a las víctimas), así como amputaciones diversas, inyecciones subcutáneas de todo tipo de sustancias, provocación de hipotermia, castraciones, secciones de la médula espinal y otras salvajes intervenciones.

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Es común encontrarse a estudiantes de Israel visitando Auschwitz

Otros médicos nazis destinados a Auschwitz que también destacaron por su crueldad fueron el Dr. Schumann, especializado en esterilización con rayos X, y el Dr. Carl Clauberg, especializado en esterilización con preparados químicos, inseminación artificial de las mujeres y castración de los hombres. Asimismo, el procedimiento de ejecución más común aplicado en la enfermería fue la aplicación de inyecciones de fenol. Además de por todos los médicos mencionados, fueron aplicadas por Josef Klehr y Herbert Scherpe, así como por los presos iniciados Alfred Stössel y Mieczyslaw Panszcyk. En la Segunda Guerra Mundial, la brutalidad de los experimentos nazis sólo fue superada por el proyecto Escuadrón 731 llevado a cabo por la policía militar japonesa Kempeitai en la China ocupada.

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Latas de Zyklon B abandonadas. Era producido por IG Farben. Varias empresas todavía lo producen a día de hoy en la República Checa bajo el nombre de Uragan D2.

El 18 de enero de 1944 los últimos guardias de las SS abandonaron Auschwitz. Tras de sí dejaron el mayor genocidio de la historia: aproximadamente 1’3 millones de muertos. Nueve días después, las tropas soviéticas llegaron al campo de exterminio. Allí encontraron a unos pocos miles de prisioneros enfermos que no fueron asesinados u obligados a formar parte de las marchas de la muerte.

En marzo de 1946 los británicos detuvieron al principal responsable de las operaciones del campo: Rudolf Höss. Participó en los Juicios de Nuremberg y fue condenado a muerte en Polonia. Fue ahorcado en abril de 1947 en el patíbulo de Auschwitz, a escasos metros de la casa en la que vivió mientras fue comandante del campo hasta el verano de 1943. La casa de comandancia hoy está habitada por una familia.

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Patíbulo en el que fue ahorcado Rudolf Höss

Tras 1943, sus sucesores en el cargo fueron Arthur Liebehenschel y Richard Baer. El primero fue detenido en Italia por los americanos y juzgado posteriormente por un tribunal polaco. Fue ahorcado en 1948. Por el contrario, Baer consiguió huir y vivir plácidamente como técnico forestal cerca de Hamburgo. Sin embargo, fue descubierto en 1960 y murió tres años después de un ataque al corazón en una prisión preventiva. Le ocurrió lo mismo a otro de los comandantes de Birkenau, Fritz Hartjenstein, en París en 1954 y al Dr. Clauberg en 1955. El otro comandante de Birkenau, Josef Kramer (La Bestia de Belsen), fue ejecutado en noviembre de 1945, y el jefe de médicos SS, Eduard Wirths, se suicidó tras ser capturado.

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Placa conmemorativa escrita en sefardi. Hay una placa por cada idioma que se habló en el campo de exterminio

Cientos de criminales nazis lograron escapar gracias al Vaticano, la organización ODESSA y Franco. Uno de ellos fue Josef Mengele. En un principio fue detenido en Nuremberg, pero fue posteriormente liberado por los aliados al desconocer su identidad. Logró huir a Sudamérica y vivir en la clandestinidad entre Argentina, Paraguay, Uruguay y Brasil. Murió presuntamente ahogado en este último país.

Los Juicios de Auschwitz tuvieron lugar en Cracovia y Frankfurt y en ellos se juzgaron a varias decenas de oficiales y soldados de las SS. Varios fueron condenados a muerte y los demás a largas penas de prisión. Sin embargo, de los más de 6500 miembros de las SS que sirvieron en Auschwitz, tan sólo 750 sufrieron algún tipo de condena.

“Lo contrario del amor no es odio, es la indiferencia.
Lo contrario de la belleza no es la fealdad, es la indiferencia.
Lo contrario de la fe no es herejía, es la indiferencia.
Y lo contrario de la vida no es la muerte…
sino la indiferencia entre la vida y la muerte”

Elie Wiesel, superviviente de Auschwitz. 27 de octubre de 1986.

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9 comentarios en “Las cenizas de Auschwitz-Birkenau

  1. Bibliografía y libros recomendados:

    ‘Auschwitz: los nazis y la Solución Final’, de Laurence Reese.
    ‘Si esto es un hombre’, de Primo Levi
    ‘Anatomía del Campo de la Muerte de Auschwitz’, de Y. Gutman y M. Berenbaum
    ‘El Tercer Reich y los judíos (1939-1945). Los años del exterminio’, de Saul Friedländer
    ‘Fui asistente del doctor Mengele. Recuerdos de un médico internado en Auschwitz’, de Miklós Nyiszli
    ‘Infancia en traje de rayas’, de Bogdan Bartnikowski
    ‘He sobrevivido para contarlo’, de Tadeusz Sobolewicz
    ‘Vengo del crematorio de Auschwitz: conversaciones con Henryk Mandelbaum’, de Bartosik Igor y Willma Adam.
    ‘Los banqueros secretos de Hitler’, de Adam Lebor
    ‘Hitler: máquina de guerra’, de William Carr y Matthew Cooper.

    • Me has dejado flipada con esta redacción y con todo lo que en ella has escrito (a parte de con la piel de gallina).
      No se podía haber escrito mejor, un 10 para ti por darnos a ver todo lo allí sucedido.
      Escribo porque quería realizar una pregunta. ¿Los libros que recomiendas sabes donde se pueden comprar? Solo los he visto allí a la venta, he buscado algunos en amazon e internet, y no hay forma de dar con ellos…
      Te agradecería mucho la contestación si me puedes ayudar a encontrarlos.
      Un saludo y gracias por el relato.

      • Hola Paula! Muchas gracias por tus palabras! Algunos de los libros son muy fáciles de encontrar en Amazon, como el de Laurence Reese o el de Primo Levi. Ambos absolutamente recomendables. Otros no tanto y ni siquiera están editados en castellano. Por ejemplo, puedes echar un vistazo a ‘Anatomy of the Auschwitz Death Camp’ o ‘Nazi Germany and the Jews’ en Google Libros. Algunos de los libros que referencio que están escritos por los supervivientes es difícil encontrarlos fuera de la tienda y biblioteca del memorial de Auschwitz. Ahora mismo estoy inmerso en un ensayo apasionante llamado ‘Españoles en el holocausto’ de Wingeate Pike. Sobre todo trata de Mauthausen, pero en realidad habla de todo el universo KL y como dice una de sus reseñas “con ese solo libro se aprende más que comprendiendo la mayoría de libros que hay en el mercado”. Espero haberte ayudado un poco. Un saludo!

      • Gracias, por la información. Espero tener suerte y conseguir alguno.
        Hace poco fui al cambo de Dachau y la guía de allí me recomendó leer este: ‘El hombre en busca de sentido’ de Frankl, Viktor Emil
        Fue un psiquiatra que estuvo preso en Auschwitz y Dachau, y cuenta las experiencias de la gente allí.

  2. Disculpa pero hay que cuidar más los números, dices lo siguiente: “El campo de exterminio de Birkenau fue diseñado de forma que las vías del tren entraban hasta dentro del propio recinto. De este modo se camuflaban los convoyes de prisioneros y se evitaban las largas caminatas como sucedía en otros campos nazis, por lo que se podía eliminarlos con mayor rapidez y eficacia. Dichos convoyes de la Ostbahn alemana tenían una media de cincuenta vagones de carga porque lo que cada uno podía hacinar hasta 2500 personas. Esto quiere decir que, sin contar a todos los prisioneros que no perecieron en Auschwitz, llegaron más de 500 trenes cargados de condenados a muerte. ”
    Con estos números aqui da que mataron 2500x50x500=6.250.000 personas, es decir el número completo del holocausto… suena raro no? Ni hablar de la logística de manejar 125.000 personas bajandose de un tren.

    • Buenas tardes! Gracias por el comentario. Seguramente has interpretado mal el texto porque faltaba una coma, creemos que ahora se entiende mucho mejor. Cada tres transportaba aproximadamente 2.500 prisioneros, por lo que en cada vagón metían a una media de cincuenta. Un saludo!

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